Una empresa vende el mismo producto en dos países diferentes de la UE y da por hecho que en ambos países se aplican las mismas normas. En ese momento, un socio o un agente de aduanas le señala que, en uno de esos mercados, otro agente de la cadena de suministro —y no la propia empresa— es el responsable legal del embalaje. Este suele ser el primer momento en el que una empresa se da cuenta de que, en el marco de la responsabilidad ampliada del productor (RAP) sobre los envases en la UE, el término «productor» no se refiere a quien fabrica el envase. Se trata de una designación jurídica que, dependiendo de cómo llegue efectivamente el producto al cliente, puede referirse a un sujeto diferente.
Esta confusión es tan frecuente que merece la pena profundizar un poco en el tema, porque si se comete un error en este ámbito, no solo implica no rellenar un formulario, sino también dar por sentado que se está protegido desde el punto de vista legal cuando en realidad no es así, o bien malgastar tiempo y dinero en registrarse en algún sitio donde, en realidad, no habría sido necesario en absoluto.
¿Qué significa realmente la «responsabilidad ampliada del fabricante»?
La responsabilidad ampliada del productor (EPR) se basa en el principio de que toda persona que comercialice envases debe contribuir también a la financiación de la posterior recuperación de dichos envases tras su uso —es decir, a la recogida, la clasificación y el reciclaje—, en lugar de dejar que se encarguen de ello exclusivamente los sistemas locales de gestión de residuos. Esto forma parte de una transformación más amplia en toda Europa hacia un enfoque en el que el diseño de los envases y los residuos de envases se convierten en una responsabilidad de las empresas, y no solo en una consecuencia del proceso de venta. Si deseas obtener una visión general completa de cómo funciona el sistema de principio a fin, encontrarás información detallada en nuestra guía completa sobre la EPR de la UE. Este artículo se centra en la única pregunta que, incluso antes que cualquier otra consideración, plantea dificultades a muchas personas: ¿soy realmente yo el productor en este caso?
Porque con el término «fabricante» no se hace referencia simplemente a quien ha elaborado el envase
Instintivamente, se tiende a considerar al fabricante como el productor, es decir, la empresa cuyo nombre figura en el envase o que lo ha diseñado. Sin embargo, en la práctica, rara vez ocurre así. La condición de fabricante depende normalmente de quién comercializa el producto envasado en un mercado nacional determinado, lo que significa que puede depender de los siguientes factores:
- Tanto si vendéis directamente a los consumidores como si lo hacéis a través de un socio distribuidor local
- Si la venta se realiza a nivel transfronterizo y no interviene ninguna entidad local
- Si el producto se vende a través de una plataforma de comercio electrónico en lugar de a través de su propia tienda online
- Si, en tu calidad de titular de la marca, colaboras con un fabricante por cuenta ajena en lugar de fabricar los envases por tu cuenta
Dos empresas que venden un producto idéntico pueden tener posturas diferentes respecto a esta cuestión. Una vende directamente y, por lo tanto, actúa como fabricante. La otra vende el mismo artículo a través de un socio distribuidor local, que asume esa función. Ninguna de las dos empresas incumple las normas generales sobre la conformidad de los envases: simplemente tienen modelos de distribución diferentes y la clasificación depende del modelo de distribución, no del producto.
Esta es también la razón por la que la condición de fabricante no se transfiere automáticamente de un país a otro. Una empresa reconocida como fabricante en su mercado nacional no puede dar por sentado que esto sea así también cuando vende sus productos en otro lugar, aunque se trate exactamente del mismo envase y del mismo producto.
¿Por qué las mismas normas no se aplican más allá de las fronteras?
Cada país de la UE gestiona su propia versión del sistema EPR, con procedimientos de registro específicos, requisitos de presentación de informes propios y umbrales distintos para determinar quién está obligado a participar. No existe un formulario único a nivel de la UE ni una tarifa unitaria que cubra todos los mercados a la vez. Esto es precisamente lo que suele sorprender a las empresas en crecimiento: la expansión a un nuevo país no es solo una cuestión de ventas y logística, sino que también conlleva nuevas obligaciones de cumplimiento normativo, aunque el producto en sí no sufra ninguna modificación.
En la práctica, esto implica que una empresa que vende en varios países de la UE acaba teniendo que gestionar varias relaciones distintas —procedimientos de registro diferentes, plazos de notificación distintos y, en su caso, obligaciones diferentes en función del volumen de envases—, aunque desde fuera parezca tratarse de un único aspecto de cumplimiento normativo. Si se aborda esta cuestión como un único tema en lugar de como varios temas distintos, normalmente la situación se descontrola.
¿En qué consiste, en general, el papel de productor?
Una vez que una empresa ha confirmado que es el fabricante en un mercado determinado, las obligaciones pueden dividirse, en general, en tres grandes categorías, aunque los detalles varían de un país a otro:
El registro ante la autoridad u organización competente en dicho mercado para garantizar el cumplimiento de la normativa en materia de envases debe realizarse antes de que los envases se pongan efectivamente a la venta en ese mercado, y no solo a posteriori.
Envío periódico de los datos relativos a los envases, desglosados por material, peso y formato, según la estructura prevista por el mercado correspondiente.
Financiación del sistema de recogida y recuperación mediante tarifas calculadas a partir de los datos facilitados.
El orden de las operaciones es más importante de lo que se suele pensar. El registro debe realizarse antes de la venta, no solo cuando se empiezan a emitir facturas, y es precisamente este paso el que se suele pasar por alto con mayor frecuencia, simplemente porque las empresas solo se dan cuenta de esta obligación cuando ya están operando en el mercado.
Ecomodulación: explicada de forma sencilla
Cada vez son más los sistemas de responsabilidad ampliada del productor (EPR) que ya no aplican una tarifa fija por cada unidad de embalaje. Ajustan la tarifa en función de la reciclabilidad real del envase: se premian los formatos más fácilmente reciclables, mientras que se aplican tarifas más elevadas a aquellos en los que los materiales están mezclados de tal forma que dificultan el reciclaje. En la práctica, esto significa que las decisiones relativas al diseño del envase tienen ahora un impacto directo en los costes de cumplimiento normativo. Un formato que, sobre el papel, parecía más económico puede, teniendo en cuenta la modulación ecológica, resultar finalmente más costoso. Por este motivo, este aspecto debe integrarse cada vez más en el proceso de diseño y no debe evaluarse únicamente una vez finalizado el envase.
Una guía general para la preparación
En lugar de considerar cada nuevo mercado como una iniciativa independiente, la mayoría de las empresas que logran gestionar bien esta situación siguen una variante del mismo proceso:
- Enumera todos los mercados en los que vendes efectivamente, incluidas las ventas transfronterizas y las realizadas a través de plataformas en línea, que pueden pasar fácilmente desapercibidas, ya que no siempre dan la impresión de «entrar» en un nuevo país.
- Determinad la condición de fabricante por separado para cada mercado, basándoos en vuestras prácticas de venta reales en cada lugar y no en la normativa vigente en vuestro mercado nacional.
- Crea un único registro de datos sobre el embalaje —material, peso, formato, composición— en lugar de volver a crearlo desde cero cada vez que se añada un nuevo mercado o un nuevo ciclo de presentación de informes.
- Descubra ante quién debe registrarse en cada mercado en el que opera como productor y qué requisitos le impone dicho mercado de forma permanente.
- Comprueba con la debida antelación si los diseños de embalaje nuevos o modificados son reciclables, antes de que se defina definitivamente el formato y ya se hayan fijado las tarifas.
- Organizad todo como un proceso repetible y no como una serie de proyectos individuales que haya que volver a crear cada vez que la empresa se expanda.
Las empresas que encuentran mayores dificultades en este ámbito suelen saber perfectamente en qué consiste el EPR; sin embargo, abordan la cuestión cada vez desde cero, mercado por mercado, en lugar de crear un único sistema capaz de crecer al mismo ritmo que su expansión.
Resumen
Todo esto no tiene por qué ser complicado, una vez aclarada la condición de fabricante y garantizada la fiabilidad de los datos de embalaje subyacentes; sin embargo, controlar ambos aspectos se vuelve cada vez más difícil a medida que una empresa abastece a un número cada vez mayor de mercados. Es precisamente este problema práctico el que ocupa un lugar central en las soluciones EPR de PackIntelX: gestionar de forma centralizada los datos sobre los envases y ofrecer a las empresas un punto de referencia único donde puedan comprobar en qué países se les considera fabricantes, en lugar de tener que crear un resumen por separado para cada país en el que venden.
Preguntas frecuentes
¿Se considera automáticamente fabricante a la empresa que fabrica el embalaje?
Por regla general, no. La condición de fabricante depende, por lo general, de quién comercializa el producto embalado en un mercado determinado; dicha persona puede ser distinta de quien haya fabricado el propio embalaje.
Si se me reconoce como fabricante en un país de la UE, ¿esto también es válido para los demás países?
No. Cada mercado establece de forma autónoma la condición de fabricante, en función de las modalidades de venta adoptadas en ese país. Por lo tanto, es posible que, para un mismo producto, se apliquen normativas diferentes según el país.
¿La venta a través de una plataforma en línea modifica la cuestión de la responsabilidad?
Puede ser. Dependiendo de la plataforma y de los acuerdos específicos, la responsabilidad puede recaer en el vendedor, en la plataforma o en ambos: este es uno de los ámbitos en los que las empresas cometen con mayor frecuencia errores de valoración.
¿Se aplica el EPR únicamente a las grandes empresas con un elevado volumen de envases?
No: en muchos mercados de la UE, los pequeños operadores no están exentos, por lo que el volumen por sí solo no constituye un criterio fiable.




